El glioblastoma es brutal.
Se considera ampliamente una de las peores formas de cáncer, resistente a la mayoría de los tratamientos. Incluso con cirugía, radiación y quimioterapia agresiva, apenas se mueve la aguja. Menos del 30% de los pacientes superan los dos años después del diagnóstico. Es sombrío.
Los científicos de la Universidad Estatal de Oregón creen que tienen un nuevo ángulo. Están utilizando nanopartículas disfrazadas de azúcar.
Publicado en el Journal of Controlled Release, su estudio con ratones sugiere que esta “capa de azúcar” realiza dos trabajos de levantamiento pesado a la vez. Ayuda a que las partículas superen la barrera hematoencefálica y se dirige al tumor en sí, todo ello sin causar toxicidad en los órganos principales.
El gambito de la glucosa
El azúcar no es aleatorio.
El equipo utilizó manosa. Está químicamente cerca de la glucosa, lo que explica por qué el cuerpo la deja entrar. Ambos azúcares atraviesan la barrera hematoencefálica utilizando una molécula transportadora conocida como GLUT1, que los considera un combustible esencial.
¿El problema? La sangre está llena de glucosa. Desplaza a la competencia.
“La sangre contiene concentraciones relativamente altas de 葡萄糖, y contra eso compiten las nanopartículas”, dice el científico farmacéutico Oleh Taratula, “Para que las partículas pudieran entrar, necesitaban una superficie densamente recubierta”.
Su truco consistió en vincular la manosa con el colesterol, el componente principal de estas nanopartículas. Este embalaje les permitió cargar significativamente más azúcar por paquete. De repente, GLUT1 los notó.
Atacando el hambre
La recompensa no fue sólo la entrada. Fue la selección.
Las partículas no recubiertas lo pasaron mal. Los recubiertos de azúcar llegaron al cerebro con 9,96 veces más eficacia. Una vez dentro, la manosa cumplió otro propósito.
Las células de glioblastoma están muertas de hambre.
Consumen glucosa a un ritmo mucho mayor que el tejido sano, expresando GLUT1 en niveles tres veces superiores a lo normal. Las nanopartículas se acumularon precisamente donde eran necesarias y entregaron ARN mensajero (ARNm). Estas instrucciones indican a las células cancerosas que produzcan PTEN, una proteína supresora de tumores que han perdido.
“El glioblastoma se desvía metabólicamente”, señala la científica especialista en administración de fármacos Olena Tarata. “Restaurar la expresión de PTEN restablece el control del crecimiento”.
Los resultados
Los datos de los ratones son claros.
- Los ratones no tratados desarrollaron tumores que ocupaban aproximadamente el 52% del cerebro después de 28 días.
- Los ratones que recibieron el tratamiento tuvieron una reducción de la carga tumoral al 2,3%.
La supervivencia también se extendió. Desde 33 días en los controles no tratados hasta 49 días para aquellos con la terapia con nanopartículas. No es una cura. Pero un cambio significativo.
¿Está esto listo para los humanos todavía? Es difícil de decir. Los ratones no son humanos y sus cerebros se comportan de manera diferente a los humanos, particularmente en términos de permeabilidad de la barrera. Todavía necesitamos ensayos con tejido humano.
Pero la lógica es clara.
Es poco común encontrar una estrategia que resuelva el problema del parto y al mismo tiempo ataque la enfermedad maligna. Es prometedor. Otros métodos, como los aerosoles nasales para inhibir tumores o estimular el sistema inmunológico, están ganando terreno, pero este enfoque de “envasado” específico podría abrir las puertas a otros tratamientos neurológicos, no sólo al cáncer.
“Estos hallazgos establecen que las nanopartículas lipídicas de manosa-colesterol son una plataforma traslacional para la terapia con ARNm del glioblastoma”, concluyen los autores.
El potencial está ahí. La barrera sigue siendo el salto a la clínica.

























