Los astrónomos han mapeado con éxito una estructura galáctica colosal que ha permanecido prácticamente invisible durante años. El Supercúmulo Vela, que alguna vez fue una misteriosa “tierra desconocida” escondida detrás del espeso velo de nuestra propia galaxia, se ha revelado como una de las entidades más masivas del universo conocido.

El problema de la “zona de evitación”

Durante décadas, una parte importante del cielo nocturno ha sido un punto ciego para los investigadores. Esta región se conoce como la “Zona de evasión”, una franja del cielo oscurecida por el denso disco de estrellas, gas y polvo de la Vía Láctea. Debido a que esta capa de polvo se espesa hacia el plano galáctico, actúa como una cortina cósmica, bloqueando la luz visible y haciendo casi imposible ver lo que hay al otro lado.

Esta falta de visibilidad crea una brecha importante en nuestra comprensión de la estructura a gran escala del universo. Para comprender cómo evoluciona el universo, los astrónomos deben poder ver el “panorama general”, pero la Vía Láctea ha estado ocultando de la vista a algunos de sus vecinos más grandes.

Un descubrimiento masivo: Vela-Banzi

Inicialmente descubierta en 2016 y tentativamente llamada Terra incognita, la estructura ahora ha sido cartografiada formalmente y se le ha dado un nuevo nombre: Vela-Banzi. En xhosa, un idioma hablado en Sudáfrica, donde se realizó gran parte de la investigación, el nombre se traduce como “revelar ampliamente”.

La escala de este descubrimiento es asombrosa:
Tamaño: El supercúmulo se extiende aproximadamente 300 millones de años luz de ancho, aproximadamente 3000 veces el ancho de la Vía Láctea.
Masa: Contiene una masa equivalente a aproximadamente 30 cuatrillones de soles.
Composición: Consta de al menos 20 cúmulos de galaxias, cada uno de los cuales alberga cientos o miles de galaxias individuales.
Estructura: La masa se concentra en dos núcleos masivos que actualmente se están moviendo uno hacia el otro.

En términos de jerarquía cósmica, Vela-Banzi es más masivo que Laniākea (el supercúmulo que alberga nuestra propia galaxia) y ocupa el segundo lugar después del Supercúmulo Shapley, que es ampliamente considerado el supercúmulo más grande conocido.

Cómo los astrónomos traspasaron el velo

Dado que la luz visible no puede atravesar el polvo de la Vía Láctea, el equipo de investigación tuvo que recurrir a métodos alternativos para “ver” la estructura. Combinando 65.000 mediciones de distancias de galaxias existentes con 8.000 nuevas observaciones de corrimiento al rojo, pudieron calcular qué tan rápido se alejan las galaxias de la Tierra.

El avance se basó en gran medida en el telescopio MeerKAT de Sudáfrica. A diferencia de los telescopios ópticos, MeerKAT detecta la radiación infrarroja de enormes nubes de gas hidrógeno. Esto permitió a los investigadores rastrear el movimiento de las galaxias dentro de Vela observando sus emisiones de radio, sin pasar por el polvo que bloquea la luz visible.

Por qué esto es importante para la cosmología

Mapear estas gigantescas estructuras no se trata sólo de catalogar nuevos objetos; se trata de poner a prueba nuestra comprensión fundamental de la física.

Para validar los modelos cosmológicos actuales (los marcos matemáticos que describen cómo comenzó el universo y cómo se expande) los astrónomos necesitan dos datos críticos: el tamaño de las estructuras a gran escala y la velocidad a la que se mueven.

“Para comprender uno, necesitamos conocer el otro”, explica la coautora del estudio Renee Kraan-Korteweg. “Y si tenemos ambos, podremos comprobar si podemos conciliar estas observaciones con los modelos del universo”.

Aunque en el futuro radiotelescopios más potentes podrán proporcionar mapas aún más claros, algunas partes del supercúmulo pueden permanecer siempre parcialmente oscurecidas, ya que no todas las galaxias contienen suficiente hidrógeno detectable para ser visto a través del polvo.


Conclusión: El mapeo del supercúmulo Vela-Banzi proporciona una pieza crucial que faltaba en el rompecabezas cósmico, ayudando a los científicos a cerrar la brecha entre lo que podemos ver y cómo funciona realmente el universo en sus escalas más grandes.

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