Después de siete décadas de debate científico y ambigüedad clínica, la Federación Internacional de Diabetes (FID) ha reconocido oficialmente una quinta forma de diabetes en 2025. Esta decisión histórica marca un punto de inflexión para una afección que ha existido durante mucho tiempo en las sombras de la ciencia médica, a menudo diagnosticada erróneamente o completamente pasada por alto.

El largo camino hacia el reconocimiento

La historia de esta afección es la de “actos de desaparición” científicos. Descrita por primera vez en Jamaica en 1955, la enfermedad fue reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la década de 1980, pero su clasificación fue retirada en 1999 debido a una aparente falta de evidencia.

Durante años, la comunidad médica luchó por categorizarlo. Sin embargo, investigaciones recientes han aclarado por qué esta distinción es vital. A diferencia de los tipos de diabetes más conocidos, esta quinta variante, ahora denominada diabetes tipo 5, es fundamentalmente diferente en su origen y comportamiento biológico:

  • Tipo 1: Una afección autoinmune en la que el páncreas deja de producir insulina.
  • Tipo 2: Se caracteriza por resistencia a la insulina, a menudo relacionada con el estilo de vida y la dieta.
  • Tipo 3c: Resultante de daño directo al páncreas.
  • Gestacional: Provocado por cambios hormonales durante el embarazo.
  • Tipo 5: Proviene de deficiencia crónica de nutrientes y desnutrición.

Por qué esto es importante: el peligro de un diagnóstico erróneo

El reconocimiento de la diabetes tipo 5 no es simplemente una cuestión de semántica; es una cuestión de vida o muerte. Debido a que la diabetes tipo 5 se debe a la desnutrición más que a la resistencia a la insulina, los tratamientos estándar para la diabetes tipo 2 pueden ser ineficaces o incluso peligrosos.

“Comprender los tipos específicos de diabetes que alguien tiene es crucial para proporcionar el tratamiento adecuado”, explica Craig Beall, investigador de diabetes de la Universidad de Exeter.

El perfil biológico del tipo 5 es único. Las investigaciones, incluidos estudios dirigidos por la endocrinóloga Meredith Hawkins, sugieren que los pacientes con esta forma tienen deficiencia de insulina (similar al tipo 1) pero siguen siendo sensibles a la insulina (a diferencia del tipo 2).

Los principales riesgos incluyen:
Hipoglucemia: Las dosis inadecuadas de insulina pueden hacer que el nivel de azúcar en la sangre caiga peligrosamente.
Fracaso del tratamiento: El uso de tratamientos diseñados para la resistencia a la insulina no aborda el daño pancreático subyacente causado por la insuficiencia nutricional.
Escasez de recursos: En las regiones donde esto es más frecuente, a menudo no se dispone de un control de glucosa asequible, lo que hace que el control de los picos o caídas de azúcar en la sangre sea aún más peligroso.

Una crisis sanitaria mundial disfrazada

La diabetes tipo 5 es una enfermedad de desigualdad. Afecta desproporcionadamente a poblaciones de Asia, África y partes de América Latina y el Caribe, donde la inseguridad alimentaria es alta.

Meredith Hawkins señala que la diabetes relacionada con la desnutrición es tan común como el VIH/SIDA y más prevalente que la tuberculosis en ciertas regiones. Sin embargo, sin un nombre formal, la comunidad médica ha luchado por conseguir la financiación y la investigación necesarias para combatirlo. La falta de una “etiqueta” significaba que no había forma de rastrear la prevalencia, desarrollar criterios de diagnóstico estandarizados o capacitar a los trabajadores de la salud para reconocer los síntomas.

El camino a seguir

Con el reconocimiento formal de las FDI, se ha establecido un nuevo grupo de trabajo especializado, presidido por Hawkins, para:
1. Desarrollar criterios diagnósticos formales y pautas terapéuticas.
2. Crear un registro de investigación global para rastrear el impacto de la enfermedad.
3. Capacitar a los profesionales de la salud para identificar y tratar la afección correctamente.

Si bien algunos científicos siguen siendo cautelosos acerca de la “incertidumbre diagnóstica” que rodea a los casos relacionados con la desnutrición, el impulso se está desplazando hacia una gestión proactiva.


Conclusión: La clasificación formal de la diabetes tipo 5 proporciona un marco vital para abordar una crisis de salud global desatendida, garantizando que millones de personas que viven con problemas metabólicos relacionados con la desnutrición reciban atención específica, segura y eficaz.

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