La Comisión Federal de Comunicaciones sostiene el mazo sobre la televisión abierta, trazando una línea dura sobre lo que se puede decir al aire. Específicamente, la agencia prohíbe el lenguaje o el material entre las 6 a.m. y las 10 p.m. que representa órganos o actividades sexuales o excretoras de una manera claramente ofensiva según los estándares comunitarios contemporáneos. Pero aquí está el truco: esta represión se aplica estrictamente a la televisión abierta. Las plataformas de streaming por cable e Internet operan en un universo diferente, completamente libres de estas limitaciones específicas de indecencia.

Incluso con estas reglas vigentes, los canales de transmisión tropiezan con ellas constantemente. A veces es accidental. A veces es una prueba deliberada de límites. Las consecuencias son impredecibles. Algunas estaciones pagan fuertes multas. Otros ven que la FCC se encoge de hombros y se niega a imponer sanciones.

Tomemos a Bono, por ejemplo. En 2003, el líder de U2 utilizó la palabra F como intensificadora durante los Premios Globo de Oro. No describía un acto sexual. La FCC inicialmente estuvo de acuerdo y dictaminó que Bono no había violado las regulaciones porque el contexto no coincidía con la prohibición. Luego vino la reacción. La infame exposición de Janet Jackson en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl en 2004 tuvo a la agencia nerviosa. Bajo la presión de innumerables quejas, la FCC cambió su postura contra Bono. Dictaminaron que había violado las reglas. Todavía no lo multaron.

Esta inconsistencia obliga a las redes a ser creativas. Al carecer de una guía clara, a menudo entierran las malas palabras en el ruido de fondo, superponiendo las bocinas de los taxis o los aplausos de la multitud sobre las palabras para cumplir técnicamente con la letra de la ley y al mismo tiempo dejar que el lenguaje se escape.

Para complicar aún más las cosas, el panorama legal cambió en 2012. La Corte Suprema anuló las multas por “palabrotas fugaces o desnudez”. Es importante destacar que el Tribunal no declaró que ese lenguaje esté permitido. Simplemente penalizaron a la FCC por no notificar adecuadamente a las emisoras que sus estándares se habían endurecido. Fue una palmada en la muñeca, no una luz verde.

Sin nueva claridad por parte de la agencia, reina la confusión. Como preguntó el periodista del New York Times Edward Wyatt, si Cher aparece en una entrega de premios en vivo, ¿deberían los padres taparle los oídos a su hijo de ocho años o pueden confiar en que las emisoras censurarán el contenido indecente?

La autorregulación no ha llenado el vacío. Iniciativas como la “Comisión para la Radiodifusión Responsable” propuesta por Clear Channel nunca ganaron fuerza, especialmente en el mundo del cable no regulado. Los organismos de radiodifusión tampoco tienen muchos incentivos para vigilarse a sí mismos. Si quieres evitar escuchar lenguaje no deseado en la televisión, el poder está en tus manos. Verifique la configuración de privacidad y bloqueo de canales en su DVR o decodificador de cable. El resto depende del azar.

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