El oeste americano está experimentando una sequía de nieve sin precedentes, con niveles récord de nieve que amenazan el suministro de agua y alteran la recreación invernal. Si bien gran parte de los EE. UU. soporta temperaturas gélidas y fuertes nevadas, áreas tradicionalmente conocidas por su polvo profundo, incluidas Park City, Utah; Vail, Colorado; y partes de Oregón: se enfrentan a suelo desnudo o a una capa mínima de nieve.
La gravedad de la sequía
Esto no es sólo una anomalía estacional; es una situación sin precedentes. La extensión del suelo cubierto de nieve está en su punto más bajo jamás registrado, con temperaturas en algunas regiones que alcanzan los 50-60°F en lugar de las condiciones típicas del invierno. Las consecuencias ya son visibles: los esquiadores quedan marginados, los senderos permanecen abiertos para excursionistas y ciclistas, y el sistema natural de almacenamiento de agua del Oeste está gravemente comprometido.
Por qué es importante la capa de nieve
El oeste de Estados Unidos depende en gran medida de la capa de nieve de las montañas como reservorio natural. A medida que la nieve se derrite en primavera y verano, alimenta ríos, riega tierras de cultivo y repone embalses vitales. La actual disminución de la capa de nieve es particularmente alarmante en las Montañas Rocosas de Colorado y la cuenca del río Colorado, que ya están lidiando con una megasequía que dura 26 años. El lago Mead y el lago Powell, los dos embalses más grandes del río Colorado, se encuentran en niveles históricamente bajos.
Causas complejas e implicaciones futuras
Si bien los científicos reconocen la dificultad de atribuir directamente esta sequía únicamente al cambio climático, el cambio es innegable. La reducción de la capa de nieve añade otra capa de urgencia a las negociaciones en curso entre los estados de la Cuenca Alta y Baja con respecto a la gestión futura del Río Colorado. La crisis pone de relieve la creciente vulnerabilidad de las regiones áridas a la escasez de agua y la variabilidad climática.
La sequía de nieve en Occidente no es sólo una preocupación ambiental; es un desafío económico y social inminente que exige atención inmediata y estrategias sostenibles de gestión del agua.
La situación plantea cuestiones fundamentales sobre la asignación de agua, las prácticas agrícolas y la viabilidad a largo plazo de las comunidades occidentales que dependen de los recursos hídricos generados por el deshielo.

























