La administración de Donald Trump está presionando una vez más al multimillonario Jared Isaacman para el puesto de administrador de la NASA, un sorprendente revés después de haberlo rechazado inicialmente. Esto se produce cuando la Casa Blanca da prioridad a un alunizaje estadounidense antes de 2029, incluso si eso significa dejar de lado los protocolos establecidos de las agencias espaciales.

El ascenso y la caída… y el ascenso de nuevo

Isaacman, un astronauta privado conocido por financiar misiones SpaceX, fue nominado por primera vez en mayo, pero fue retirado cuando surgieron donaciones anteriores a políticos demócratas. Trump citó públicamente preocupaciones sobre la “alineación de la misión”, una medida ampliamente vista como una consecuencia de su enemistad con Elon Musk.

Sin embargo, la situación cambió dramáticamente. Se intensificó una lucha de poder interna entre el administrador interino de la NASA, Sean Duffy, y los cabilderos alineados con Isaacman, incluido Musk. Trump finalmente se puso del lado de Isaacman y rechazó el intento de Duffy de consolidar a la NASA en su cartera de transporte.

SpaceX y el impulso a la comercialización

El resurgimiento de Isaacman es una victoria para SpaceX, que se beneficiará de sus planes de subcontratar más operaciones de la NASA a empresas espaciales privadas. Si bien Isaacman minimiza sus vínculos con Musk, sus conexiones financieras con SpaceX han atraído el escrutinio de los demócratas.

La controversia pone de relieve una tendencia creciente: el papel cada vez mayor de las empresas espaciales comerciales en lo que alguna vez fueron misiones exclusivamente dirigidas por el gobierno. Este cambio plantea interrogantes sobre la rendición de cuentas, la sostenibilidad a largo plazo y si los motivos de lucro eclipsarán las prioridades científicas.

Recortes presupuestarios y el “momento lunar”

El enfoque de Trump en un alunizaje está provocando recortes presupuestarios drásticos en los programas científicos de la NASA. La reducción propuesta del 24% a 18.800 millones de dólares sería la financiación más baja en una década, siendo las ciencias terrestres y espaciales las más afectadas.

Este enfoque de “primero la Luna” ha generado críticas de expertos en política espacial, quienes advierten que podría socavar los objetivos científicos más amplios de la NASA. La administración parece dispuesta a priorizar una victoria simbólica sobre un programa espacial sostenible y bien financiado.

El memorando filtrado y los planes futuros

Un memorando de 62 páginas filtrado, conocido como Proyecto Athena, revela el plan de Isaacman para reformar la NASA mediante subcontratación radical y recortes de gastos. Si bien Isaacman defiende el plan como una solución a la burocracia, los críticos argumentan que podría priorizar aún más los intereses comerciales sobre los descubrimientos científicos.

Isaacman ahora se enfrenta a otra audiencia en el Senado, donde se le presionará sobre su visión para el futuro de la NASA. El resultado determinará si la agencia sigue siendo una institución impulsada por la ciencia o se convierte en un vehículo para lograr objetivos políticos de corto plazo.

La incesante presión de la administración Trump para lograr un alunizaje subraya un mensaje claro: el espectáculo tiene prioridad sobre la estrategia a largo plazo. Queda por ver si este enfoque hará avanzar la exploración espacial o simplemente servirá como una victoria simbólica.