El Telescopio Espacial James Webb (JWST) está remodelando fundamentalmente nuestra comprensión de los agujeros negros supermasivos, las colosales anclas gravitacionales en los centros de las galaxias. Durante décadas, la teoría predominante sostuvo que estos gigantes crecieron gradualmente, a medida que los agujeros negros más pequeños se fusionaron a lo largo de miles de millones de años. Sin embargo, observaciones recientes del JWST están descubriendo agujeros negros en el universo temprano que son demasiado masivos y demasiado pronto para ajustarse a este modelo.

El misterio de la formación temprana de los agujeros negros

Los astrónomos se han preguntado durante mucho tiempo cómo los agujeros negros supermasivos pudieron alcanzar miles de millones de veces la masa de nuestro sol en una etapa tan temprana de la historia cósmica. La explicación tradicional –la lenta acreción y fusión de agujeros negros de masa estelar– simplemente no explica el tamaño y la abundancia de estos objetos observados en el universo joven.

El descubrimiento de cuásares, objetos excepcionalmente brillantes impulsados ​​por agujeros negros supermasivos en acreción, apenas 800 millones de años después del Big Bang ya insinuaba esta discrepancia. Ahora, JWST proporciona la evidencia detallada necesaria para perfeccionar nuestra comprensión.

Colapso directo y teorías alternativas

Las investigaciones emergentes sugieren que pueden estar en juego varios mecanismos de formación alternativos. Una de las principales teorías propone agujeros negros de colapso directo, donde enormes acumulaciones de gas y polvo colapsan bajo su propia gravedad, formando agujeros negros de hasta un millón de veces la masa del sol en un solo paso. Estos agujeros negros luego crecerían mediante una rápida acumulación de materia, y eventualmente se convertirían en las entidades supermasivas que vemos hoy.

JWST ya ha identificado varios candidatos que respaldan este modelo, incluida la galaxia UHZ1, que contiene un agujero negro de 40 millones de masa solar que existía cuando el universo tenía sólo 470 millones de años. Las emisiones de infrarrojos y rayos X de UHZ1 se alinean precisamente con las predicciones de un agujero negro de colapso directo.

Otras posibilidades incluyen agujeros negros primordiales, formados inmediatamente después del Big Bang, y agujeros negros no del todo primordiales, que surgieron un poco más tarde pero aún antes que las primeras estrellas. Estos primeros agujeros negros podrían haber proporcionado las semillas para un crecimiento posterior, aunque determinar su prevalencia sigue siendo un área activa de investigación.

Pequeños puntos rojos y el acantilado: nuevos descubrimientos

JWST también ha identificado “pequeños puntos rojos”, objetos compactos y luminosos que parecen agujeros negros masivos sin galaxias anfitrionas importantes. QSO1, observado 700 millones de años después del Big Bang, es un ejemplo de ello. Su masa estimada de 50 millones de soles se concentra en una pequeña región, con poco material estelar circundante.

Otro objeto intrigante, denominado “El Acantilado”, puede ser una cuasi estrella: una enorme envoltura de gas que rodea un agujero negro supermasivo recién formado. Los datos de JWST sugieren un fuerte aumento en la luz proveniente del denso gas de hidrógeno, consistente con este modelo.

El futuro de la investigación de los agujeros negros

Las implicaciones son claras: los agujeros negros supermasivos probablemente no surgieron simplemente de otros más pequeños. En cambio, es posible que se hayan formado mediante una combinación de rápido colapso directo, orígenes primordiales u otros mecanismos exóticos. Misiones como Euclid de la Agencia Espacial Europea y el Telescopio Espacial Romano de la NASA complementarán los hallazgos del JWST, ayudando a refinar estos modelos y determinar las vías dominantes para la formación temprana de agujeros negros.

“El universo está plagado de agujeros negros supermasivos que se forman muy temprano”, dice Priyamvada Natarajan, astrofísico de la Universidad de Yale. “No puedo expresar lo emocionante que es”.

Esta revolución en nuestra comprensión apenas está comenzando, pero cada vez hay más evidencia de que nuestras suposiciones previas sobre los primeros agujeros negros del universo eran fundamentalmente incompletas.

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