Una especie de dinosaurio recientemente descubierta en México, Xenovenator espinosai (que significa “cazador extraño”), desafía la imagen típica de las aves rapaces como depredadores únicamente con garras y dientes. Los paleontólogos han encontrado evidencia de que este dinosaurio del tamaño de un pájaro usaba su cráneo engrosado para combate a cabezazos, lo que contribuye a la creciente comprensión de los diversos comportamientos de los dinosaurios.
Un descubrimiento sorprendente en México
El cráneo fosilizado de Xenovenator fue desenterrado en la formación Cerro del Pueblo en el noreste de México, una región que alguna vez fue una costa pantanosa repleta de dinosaurios hace aproximadamente 73 millones de años. El área también albergaba otras especies icónicas como los herbívoros con pico de pato, los primeros tiranosaurios y el Coahuilaceratops cornudo.
El hallazgo clave es una estructura robusta y protuberante en la parte superior de la caja del cerebro del dinosaurio, donde los huesos se fusionaron. Esto indica que Xenovenator probablemente tuvo un comportamiento de embestida contra sus rivales.
Rapaces más allá de garras y dientes
Tradicionalmente, los dinosaurios parecidos a aves rapaces (troodóntidos) han sido entendidos como depredadores ágiles que dependen de la velocidad, las garras y los dientes. Xenovenator demuestra que los dinosaurios tenían un comportamiento más flexible de lo que se pensaba anteriormente. Según Héctor Rivera-Sylva, autor principal del estudio publicado en la revista Diversity, el descubrimiento “nos recuerda que el comportamiento de los dinosaurios probablemente era mucho más diverso y lleno de matices”.
Tendencia de golpear la cabeza del Cretácico tardío
Los cabezazos eran comunes entre ciertos grupos de dinosaurios al final del período Cretácico. Otras especies como el Pachycephalosaurus con cabeza abovedada y el Pachyrhinosaurus con cuernos habían desarrollado tocados especializados para tales enfrentamientos. Esto sugiere un entorno competitivo donde el dominio físico era crucial.
El descubrimiento del fósil también pone de relieve que no todas las aves rapaces evitaron el combate cara a cara. Si bien algunos terópodos pueden haber preferido las garras, Xenovenator muestra que dinosaurios incluso más pequeños, parecidos a pájaros, podrían haber participado en batallas de romper cráneos.
Xenovenator espinosai proporciona otro ejemplo de cómo los ecosistemas de dinosaurios eran mucho más complejos de lo que los científicos estimaron inicialmente. El fósil demuestra que incluso los dinosaurios pequeños eran capaces de utilizar diversas estrategias de combate.

























