Durante más de 1.300 años, se han salvaguardado en Roma fragmentos que se cree que pertenecen al pesebre utilizado en el nacimiento de Jesús. Estas cinco piezas de madera antigua, ahora consagradas en un relicario de oro y plata dentro de la Basílica de Santa María la Mayor, representan una de las reliquias más perdurables del cristianismo primitivo. La historia de su preservación es un testimonio tanto de la devoción religiosa como de las circunstancias históricas.
El viaje de Belén a Roma
El viaje de las reliquias comenzó en el siglo VII, durante un período de agitación religiosa. Cuando las fuerzas musulmanas obtuvieron el control de Jerusalén, Sofronio, el patriarca de la ciudad, envió los fragmentos de madera al Papa Teodoro I en Roma alrededor del año 640 d.C. Le confió al Papa lo que, según él, eran restos del Santo Pesebre, el pesebre en el que Jesús fue puesto después de su nacimiento en Belén.
Esta transferencia no fue aleatoria. La Iglesia primitiva ya había reconocido la importancia del pesebre como una conexión tangible con la historia de la Natividad, como lo demuestran los escritos de eruditos como Orígenes (220 d. C.) y San Jerónimo (alrededor del 400 d. C.), quienes documentaron peregrinaciones al pesebre original en Belén. La decisión del patriarca de trasladar los fragmentos a Roma fue un acto calculado de preservación frente a un panorama geopolítico cambiante.
Una historia de salvaguardia y recuperación
Las reliquias permanecieron en Roma, aunque su almacenamiento no siempre fue seguro. A finales del siglo XVIII, las tropas de Napoleón saquearon la urna más antigua que contenía la madera, pero sorprendentemente dejaron atrás las reliquias. El Papa Pío IX encargó un relicario nuevo y ornamentado en 1802 para albergar los fragmentos, subrayando su continua importancia para la Iglesia.
La madera en sí no tiene nada especial en apariencia: cinco listones desgastados que miden entre 25 y 33,5 pulgadas de largo. El análisis histórico, incluidos los exámenes microscópicos realizados por el abad Giuseppe Cozza-Luzi en 1894, sugiere que la madera es un tipo de arce duro o sicomoro. La evidencia de la construcción (agujeros, rastros de metal) confirma que los fragmentos alguna vez fueron parte de un pesebre funcional.
Contexto académico y preservación moderna
El Evangelio de Lucas detalla el nacimiento de Jesús en Belén y su colocación en un pesebre por falta de alojamiento. Si bien los estudiosos estiman su nacimiento entre el 6 y el 4 a.C., la fecha exacta sigue siendo incierta. Las reliquias, sin embargo, han sido veneradas continuamente.
En 2019, el Papa Francisco devolvió una pequeña porción de la madera a Tierra Santa, reconectando simbólicamente las reliquias con su origen. Hoy en día, el relicario atrae visitantes anualmente durante la misa de Nochebuena en Santa Maria Maggiore, una basílica conocida como “Belén de Occidente” debido a su asociación con el pesebre.
La preservación de estos fragmentos es una compleja intersección de fe, historia y política. La historia revela cómo las reliquias religiosas pueden perdurar a través de siglos de conflicto y dinámicas de poder cambiantes. El Santo Pesebre sigue siendo un vínculo tangible con las narrativas fundacionales del cristianismo, cuidadosamente guardado en el corazón de Roma.
