Avance de la ciencia climática: vincular el clima extremo con la actividad humana

La capacidad de conectar definitivamente los fenómenos meteorológicos extremos con el cambio climático es un avance relativamente reciente pero profundamente impactante en la comprensión científica. Lo que comenzó como una búsqueda de respuestas después de devastadoras inundaciones y olas de calor a principios de la década de 2000 ha evolucionado hasta convertirse en un campo capaz de cuantificar la influencia humana en desastres climáticos específicos, con consecuencias en el mundo real para las políticas, las leyes y la rendición de cuentas.

La génesis de la ciencia de la atribución

En 2003, el físico Myles Allen experimentó de primera mano la amenaza de inundaciones extremas en Oxford, Reino Unido, y se preguntó por qué los científicos dudaban en atribuir tales acontecimientos al cambio climático. Al mismo tiempo, Peter Stott, un científico del clima, soportó una ola de calor mortal en Europa. Estas experiencias personales los llevaron a investigar si los modelos climáticos podrían demostrar un vínculo directo entre la actividad humana y el clima extremo.

Juntos, Allen y Stott fueron pioneros en lo que se conocería como ciencia de la atribución. Realizaron simulaciones comparando un mundo con calentamiento causado por el hombre con otro sin él, centrándose en la ola de calor europea de 2003. Su innovador artículo Nature de 2004 demostró que las actividades humanas habían al menos duplicado el riesgo de que ocurriera tal evento. Esta fue la primera vez que los científicos pudieron vincular definitivamente un evento climático extremo específico con el cambio climático.

De meses a días: el auge de la atribución rápida

Los primeros estudios de atribución fueron lentos y tardaron meses o años en producir resultados después de un evento. Este retraso limitó su impacto inmediato en la comprensión pública y las decisiones políticas. Para abordar esto, Friederike Otto y otros lanzaron World Weather Attribution (WWA) en 2014.

WWA revolucionó el campo al proporcionar un análisis rápido de eventos climáticos extremos, a menudo a los pocos días de ocurrir. Esta velocidad permitió la difusión inmediata de los hallazgos a los medios y al público, cambiando efectivamente la narrativa en torno al clima extremo. Las noticias contemporáneas ahora atribuyen de manera rutinaria el tiempo mortal directamente al cambio climático, haciendo que las consecuencias del aumento de las emisiones sean visceralmente reales.

Implicaciones legales y financieras

El avance de la ciencia de la atribución ha trascendido los círculos científicos, entrando en el ámbito legal y financiero. Los estudios de atribución se utilizan ahora como prueba en demandas climáticas contra contaminadores de todo el mundo. Este campo incluso ha allanado el camino para debates sobre reparaciones climáticas, que culminaron con el establecimiento de un fondo de pérdidas y daños de las Naciones Unidas en 2022 para ayudar a las naciones vulnerables afectadas por desastres provocados por el clima.

Como preguntó Allen en 2003: “¿Será posible alguna vez demandar a alguien por dañar el clima?” La respuesta, gracias a la ciencia de la atribución, es ahora definitivamente “sí”. Esto representa un cambio significativo hacia la responsabilización de los responsables del cambio climático por sus consecuencias.

La evolución de la ciencia de la atribución ha transformado la forma en que se entiende, comunica y aborda el clima extremo. Subraya la urgencia de reducir las emisiones y adaptarse a un clima cambiante, al tiempo que sienta las bases para mecanismos legales y financieros que reconozcan los costos de la inacción en el mundo real.