La línea entre enfermedad mental y delitos violentos suele ser borrosa, especialmente en los casos en que la psicosis lleva a las personas a atacar a sus seres más cercanos. La experiencia de Cohen Miles-Rath ilustra un patrón inquietante pero poco denunciado: estallidos violentos desencadenados por enfermedades mentales graves, especialmente dentro de las familias.
El punto de ruptura
El incidente en sí fue brutal y rápido. Un engaño (una percepción de posesión demoníaca de su padre) llevó a Cohen a atacarlo con un cuchillo. La lucha resultante terminó con Cohen mordiendo la oreja de su padre y cortándole la garganta. Si bien el ataque no resultó fatal, resultó en cargos por delitos graves y una orden de restricción, fracturando permanentemente su relación.
Este no fue un incidente aislado. En Estados Unidos se producen aproximadamente 300 homicidios de padres e hijos al año, lo que representa aproximadamente el 2% de todos los homicidios. Una parte importante de estos casos involucra a hombres jóvenes que luchan contra una psicosis no tratada y que dependen del apoyo de sus padres. Las mismas personas que deberían ser una red de seguridad pueden convertirse en objetivos cuando la paranoia y los engaños se afianzan.
Por qué esto es importante
La cruda realidad es que las enfermedades mentales graves pueden convertirse en violencia extrema si no se abordan. La tragedia no es solo el acto en sí, sino la falla de los sistemas destinados a prevenirlo. El acceso a la atención de salud mental a menudo es inadecuado, especialmente para quienes más lo necesitan: los adultos jóvenes cuyos síntomas les hacen imposible mantener el trabajo o la educación. Esto los obliga a depender precariamente de la familia, donde los delirios pueden convertir el apoyo en amenazas percibidas.
El problema subyacente es la falta de intervención temprana y atención constante. Hasta que la salud mental no se trate con la misma urgencia que la salud física, estos estallidos violentos seguirán siendo un resultado sombrío y predecible. El ciclo no se romperá hasta que reconozcamos la conexión directa entre la psicosis no tratada y el potencial de violencia trágica.
