Durante décadas, los biólogos se han preguntado por qué los humanos poseen un mentón único, una protuberancia ósea que no se encuentra en ningún otro primate. Una nueva investigación sugiere que esta característica definitoria del Homo sapiens no evolucionó con un propósito específico, sino más bien como un subproducto de otros cambios evolutivos. El estudio, publicado en PLOS One, reconsidera la suposición arraigada de que cada rasgo debe ser moldeado directamente por la selección natural.
El misterio del mentón
El mentón humano es una proyección ósea distinta de la mandíbula inferior. Si bien se ha utilizado como marcador clave para identificar a los humanos modernos, su función sigue sin estar clara. Las teorías anteriores iban desde reducir la tensión de la mandíbula durante la masticación hasta desempeñar un papel en la selección sexual o ayudar en la formación del habla. Sin embargo, ninguno explica completamente por qué este rasgo evolucionó sólo en nuestra especie.
Analizando calaveras para descubrir la verdad
Investigadores dirigidos por Noreen von Cramon-Taubadel de la Universidad de Buffalo analizaron 532 cráneos de humanos y de otras 14 especies de simios, incluidos chimpancés, bonobos y gorilas. Al mapear las distancias anatómicas a través de la cabeza y la mandíbula en un árbol evolutivo, probaron si los rasgos relacionados con el mentón fueron moldeados por selección directa o por deriva aleatoria.
Los hallazgos: un efecto secundario de la evolución
El análisis reveló que sólo tres de los nueve rasgos relacionados con el mentón mostraban evidencia de selección directa. Los seis restantes parecen ser subproductos evolutivos: rasgos que surgieron incidentalmente cuando el cráneo y la mandíbula sufrieron otros cambios. Cuando nuestros antepasados adoptaron una postura erguida, sus cráneos se flexionaron y sus rostros se ocultaron debajo del cráneo. Al mismo tiempo, el tamaño del cerebro aumentó y los cambios en la dieta redujeron la necesidad de mandíbulas poderosas y dientes grandes. Estos cambios provocaron que la mandíbula superior retrocediera, dejando que la mandíbula inferior se proyectara hacia adelante, lo que dio lugar a los primeros mentones.
“La evolución suele ser más confusa y menos dirigida de lo que la gente espera o supone”, señala von Cramon-Taubadel.
Una enjuta de la evolución
La barbilla humana es un excelente ejemplo de lo que los biólogos evolutivos llaman “enjuta”, un rasgo que surge como consecuencia inevitable de otros cambios estructurales. Ejemplos similares incluyen el ombligo humano y los diminutos brazos del Tyrannosaurus rex. El estudio subraya cuán estrechamente integrados están el cráneo y la mandíbula, lo que significa que las alteraciones en un área pueden desencadenar cambios en otras, incluso si no son intencionales.
El descubrimiento desafía la idea de que cada característica debe tener una ventaja selectiva. En cambio, destaca cómo las fuerzas evolutivas aleatorias y los cambios anatómicos interconectados pueden producir rasgos únicos como el mentón humano.
En conclusión, el mentón humano no es un rasgo seleccionado deliberadamente sino más bien una consecuencia inesperada de tendencias evolutivas más amplias, un testimonio de la naturaleza a menudo confusa e impredecible de la selección natural.
