Una nueva vacuna contra el cáncer ha demostrado resultados alentadores en estudios de laboratorio, que muestran el potencial para tratar los cánceres de garganta relacionados con el VPH. La investigación, publicada en Science Advances, destaca un enfoque único para el diseño de vacunas que podría mejorar la efectividad más allá de los tratamientos existentes y ofrecer ideas para desarrollar mejores vacunas para otras enfermedades.

La creciente amenaza de los cánceres provocados por el VPH

El virus del papiloma humano (VPH) es ampliamente conocido como la causa de la mayoría de los cánceres de cuello uterino, pero también es responsable de un número importante y creciente de otros cánceres, incluido el cáncer de orofaringe (cáncer de garganta). En los Estados Unidos, aproximadamente el 70% de estos cánceres de garganta están relacionados con el VPH, siendo la cepa 16 la principal culpable. Si bien la vacuna Gardasil 9 previene la infección por VPH, las opciones de tratamiento actuales para aquellos ya diagnosticados con tumores relacionados con el VPH siguen limitadas a la cirugía, la radiación y la quimioterapia.

Aquí es donde interviene la nueva vacuna. El objetivo no es la prevención, sino el tratamiento : mejorar la respuesta inmunitaria del cuerpo contra los tumores existentes y reducir el riesgo de recurrencia.

Un diseño de vacuna más inteligente: el poder de la estructura

El avance no se trata sólo de qué hay en la vacuna, sino de cómo está organizada. Los investigadores diseñaron una vacuna utilizando ácidos nucleicos esféricos (SNA), partículas de ADN con forma de globo que administran antígenos (las proteínas diana) directamente a las células inmunitarias. Esto difiere de las vacunas lineales tradicionales basadas en ADN, que son menos efectivas para ingresar a las células.

El equipo probó tres diseños de SNA, variando únicamente en la forma en que se unía el fragmento de proteína del VPH. El hallazgo clave: posicionar el fragmento a través de su extremo N (un extremo de su estructura) desencadenó la respuesta inmune más fuerte. Esto condujo a hasta ocho veces más producción de interferón gamma, una señal crítica para la actividad antitumoral, lo que hizo que las células T asesinas fueran mucho más efectivas para destruir las células cancerosas.

Resultados de estudios de laboratorio y en animales: una clara ventaja

En pruebas de laboratorio con células cancerosas de cabeza y cuello positivas para el VPH, la vacuna optimizada ralentizó significativamente el crecimiento del tumor en ratones. Fundamentalmente, cuando se probó en muestras de tumores reales de pacientes, mató de dos a tres veces más células cancerosas en comparación con otros diseños. El efecto no se debió a ingredientes más fuertes, sino a una presentación más inteligente.

Como dijo el Dr. Jochen Lorch, director de oncología médica de Northwestern Medicine: “El sistema inmunológico es sensible a la geometría de las moléculas. Al optimizar la forma en que unimos el antígeno al SNA, las células inmunes lo procesaron de manera más eficiente”.

Qué significa esto para las futuras terapias contra el cáncer

Si bien todavía se necesitan ensayos en humanos, esta investigación sugiere que optimizar la estructura de la vacuna, no solo el contenido, podría desbloquear tratamientos contra el cáncer mucho más efectivos. Según el Dr. Ezra Cohen de UC San Diego Health, si tiene éxito en humanos, esta vacuna podría combinarse con terapias existentes para eliminar la enfermedad y prevenir su recurrencia.

Las implicaciones se extienden más allá del VPH. El inventor Chad Mirkin cree que este enfoque podría revitalizar candidatas a vacunas que anteriormente no tuvieron éxito simplemente reestructurando sus componentes.

“Es posible que hayamos dejado pasar componentes de vacunas perfectamente aceptables simplemente porque estaban en las configuraciones incorrectas. Podemos volver a ellos y reestructurarlos y transformarlos en medicamentos potentes”.

Este descubrimiento subraya la importancia de la precisión en el desarrollo de vacunas, lo que sugiere que incluso cambios estructurales menores pueden producir resultados dramáticamente mejores.