La Fuerza Espacial de EE. UU. ha reasignado un próximo lanzamiento de satélite GPS desde el nuevo cohete Vulcan Centaur de United Launch Alliance (ULA) a un SpaceX Falcon 9. Esta decisión sigue a anomalías reportadas con los propulsores de cohetes sólidos (SRB) del Vulcan, lo que provocó una pausa temporal en los lanzamientos relacionados con la seguridad nacional en el nuevo vehículo.

Anomalía y respuesta del cohete Vulcan

El Vulcan Centaur de ULA, diseñado para reemplazar al antiguo Atlas V, experimentó problemas con SRB en dos de sus cuatro vuelos hasta la fecha: en octubre de 2024 y nuevamente el mes pasado durante la misión USSF-87. Si bien ambos lanzamientos finalmente tuvieron éxito, la Fuerza Espacial consideró necesaria una mayor investigación antes de reanudar las cargas útiles de seguridad nacional. Esto significa que la misión GPS III-8, originalmente destinada a Vulcan, ahora volará en un SpaceX Falcon 9, lo que garantiza la entrega continua de capacidad GPS avanzada.

“Estamos totalmente comprometidos a aprovechar todas las opciones disponibles para un lanzamiento receptivo y confiable para la nación”, afirmó el coronel Ryan Hiserote, director del programa del sistema de lanzamiento espacial de seguridad nacional.

El cambio y los planes futuros

Está previsto que el satélite GPS III-8, el último de la serie GPS III, se lance desde la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral no antes de finales de abril. Esta medida subraya la flexibilidad de la Fuerza Espacial para adaptarse a los problemas de los vehículos de lanzamiento.

A cambio, el Vulcan Centaur se hará cargo de la misión USSF-70, que anteriormente estaba asignada al Falcon Heavy de SpaceX. Los funcionarios indican que este cambio ocurrirá no antes del verano de 2028. Esta reorganización resalta la importancia estratégica de mantener múltiples opciones de lanzamiento por motivos de seguridad nacional.

La decisión de trasladar los lanzamientos entre SpaceX y ULA demuestra el compromiso de la Fuerza Espacial con la agilidad operativa y la entrega confiable de activos espaciales críticos, incluso frente a desafíos técnicos.

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