La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) se enfrenta a un mayor escrutinio después de que surgieran divisiones internas y acusaciones de mala conducta, que alcanzaron el nivel de la Casa Blanca. La controversia se centra en acusaciones de que funcionarios de alto rango dentro de la FDA abusaron de su autoridad para venganzas personales, desestabilizando aún más a una agencia que ya lidiaba con escasez de personal y estancamiento de políticas.
Tensiones crecientes dentro del HHS
El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y sus aliados plantearon sus preocupaciones sobre el liderazgo de la FDA directamente al personal de la Casa Blanca, incluida Susie Wiles, jefa de gabinete del presidente Trump, y miembros del Consejo de Política Nacional. ¿La cuestión central? Lo que se percibe como un “intento de golpe” contra el comisionado de la FDA, Dr. Marty Makary, designado por el propio Kennedy.
La reunión, encabezada por el subsecretario de Salud, Jim O’Neill, un ex inversionista de Silicon Valley, tenía como objetivo aprovechar el escándalo como prueba del caos sistémico en la agencia. La Casa Blanca, sin embargo, se resistió a una intervención directa, lo que resultó en lo que las fuentes describen como una tregua temporal en lugar de una resolución. Este enfrentamiento pone de relieve la disfunción más profunda dentro del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), donde los conflictos internos y los proyectos especializados parecen eclipsar cuestiones apremiantes como la inminente expiración de los subsidios de la Ley de Atención Médica Asequible.
Un patrón de inestabilidad
La agitación actual de la FDA no es un incidente aislado. Durante el año pasado, la agencia ha experimentado:
- Salidas masivas de personal: Miles de empleados se han ido, debilitando el conocimiento institucional y la capacidad operativa.
- Rotación de liderazgo: Los cambios frecuentes en la cima han creado inestabilidad e incertidumbre en la toma de decisiones regulatorias.
- Acciones contradictorias: Declaraciones y aprobaciones contradictorias han erosionado la confianza del público y frustrado a la industria biotecnológica, que ha presionado a la Casa Blanca por los retrasos en las aprobaciones de medicamentos.
Las luchas de la FDA reflejan una crisis más amplia en la supervisión federal, donde las luchas políticas internas y la ineficiencia burocrática socavan funciones críticas de salud pública. La estabilidad a largo plazo de la agencia y su capacidad para regular eficazmente siguen siendo inciertas mientras estos conflictos continúan.
La situación en la FDA subraya la fragilidad de la gobernanza regulatoria cuando convergen disputas internas y presiones externas. Sin una acción decisiva, la agencia corre el riesgo de erosionar aún más la confianza del público y su capacidad para cumplir su misión principal de garantizar productos sanitarios seguros y eficaces.























