Nuevos datos de la misión Juno de la NASA han perfeccionado nuestra comprensión del tamaño y la forma de Júpiter, revelando que el planeta es notablemente más pequeño y más “aplastado” de lo que sugerían estimaciones anteriores. Los hallazgos, publicados en Nature Astronomy, demuestran una mejora significativa en la precisión de las mediciones gracias a técnicas de radioocultación de alta precisión y la inclusión de efectos zonales del viento no contabilizados anteriormente.
Refinando las dimensiones de Júpiter
Durante décadas, las dimensiones de Júpiter se basaron en datos de las misiones Pioneer y Voyager de los años 1970. Estas mediciones anteriores, aunque fundamentales, carecían de la precisión que ahora se puede lograr con la instrumentación moderna. La nave espacial Juno, que orbita Júpiter desde 2016, ha permitido a los científicos sondear el interior del planeta a través de señales de radio, proporcionando una imagen más clara de su verdadera forma.
El último análisis revela que el radio polar de Júpiter es de aproximadamente 66.842 kilómetros, mientras que su radio ecuatorial alcanza los 71.488 kilómetros. El radio medio es de 69.886 kilómetros. Estas medidas son 12 kilómetros más pequeñas en los polos, 4 kilómetros más estrechas en el ecuador y 8 kilómetros más pequeñas en general en comparación con estimaciones anteriores. Esta corrección no es simplemente un refinamiento de números; indica que nuestra comprensión de la estructura del gigante gaseoso ha sido incompleta.
El papel de la rotación y el viento
La forma de Júpiter es un esferoide achatado, aplanado en los polos y abultado en el ecuador debido a su rápida rotación (un día en Júpiter dura poco menos de 10 horas). Las fuerzas centrífugas generadas por este giro contrarrestan la gravedad, provocando el abultamiento ecuatorial. Sin embargo, la densidad interior de Júpiter no es uniforme. La densidad aumenta dramáticamente desde menos de 1 kg/m³ en las cimas de las nubes hasta miles de kg/m³ en el interior, creando variaciones latitudinales en el campo de gravedad.
Además de esta complejidad, los poderosos vientos zonales de Júpiter también influyen en la forma del planeta. Estos vientos modifican las fuerzas centrífugas, provocando variaciones adicionales, de hasta 10 kilómetros, especialmente cerca del ecuador. Los modelos anteriores no tenían en cuenta plenamente estos efectos atmosféricos, lo que daba lugar a estimaciones menos precisas.
Cómo se realizaron las mediciones
La misión Juno utilizó ocultación de radio, un método para “ver” a través de las densas nubes de Júpiter enviando señales de radio a la Tierra. A medida que estas señales pasan a través de la ionosfera, se desvían y retrasan debido a los gases atmosféricos. Al medir con precisión los cambios de frecuencia causados por esta flexión, los científicos pueden determinar la temperatura, la presión y la densidad de electrones a diferentes profundidades. Esta técnica permite un análisis detallado de la estructura interna donde la observación directa es imposible.
Por qué esto es importante
La mejor comprensión de las dimensiones de Júpiter tiene implicaciones para la ciencia planetaria. Las mediciones precisas son fundamentales para modelar la estructura interna, el campo magnético y la dinámica atmosférica de Júpiter. Estos factores influyen en todo el sistema joviano, incluidas sus lunas y cinturones de radiación. Mejores datos sobre la forma también mejoran nuestra comprensión de cómo se forman y evolucionan los gigantes gaseosos.
Estos hallazgos subrayan el valor de la exploración planetaria en curso. Si bien misiones anteriores sentaron las bases, la precisión de instrumentos modernos como Juno continúa desafiando y perfeccionando nuestro conocimiento del sistema solar.
Los datos mejorados servirán como base para futuras observaciones de Júpiter y pueden proporcionar información sobre el comportamiento de otros gigantes gaseosos, tanto dentro como fuera de nuestro sistema solar.
