El sector agrícola de Inglaterra enfrenta una crisis cada vez más profunda, y los productores expresan desconcierto y miedo sobre su viabilidad futura. Una revisión independiente, dirigida por la baronesa Minette Batters, destaca la necesidad urgente de una reforma integral para garantizar la rentabilidad agrícola, una situación complicada por el aumento de los costos, el clima extremo y políticas gubernamentales polémicas.

El problema central: la erosión de los márgenes y la incertidumbre política

El estudio confirma que los ingresos agrícolas están sometidos a graves presiones. Se prevé que los costos serán 30% más altos en 2026 que en 2020, mientras que el presupuesto agrícola de Inglaterra ha permanecido estancado desde 2007. Esta contracción se produce mientras se pide a los agricultores que aumenten el cumplimiento ambiental, sin financiación adecuada. La preocupación más inmediata, compartida por casi todos los agricultores encuestados, es el próximo impuesto a la herencia del 20% sobre propiedades que superen el millón de libras esterlinas, que entrará en vigor en abril de 2026.

No se trata sólo de dinero: el impuesto podría obligar a cerrar muchas granjas familiares, alterando fundamentalmente el panorama de la agricultura británica. La pérdida de granjas generacionales no es sólo una cuestión económica; es cultural.

Respuesta del gobierno: asociación, no dádivas

La secretaria de Medio Ambiente, Emma Reynolds, prometió una colaboración más estrecha entre el gobierno y la industria agrícola. Se establecerá una nueva “junta de asociación agrícola y alimentaria” para impulsar el crecimiento y la inversión. El enfoque se formula explícitamente como empoderar a los agricultores para que prosperen a través de mecanismos de mercado, no a través de subsidios directos. Reynolds enfatizó que un sector agrícola próspero beneficia a todo el país, garantizando la seguridad alimentaria, la estabilidad económica y la gestión ambiental.

Sin embargo, la revisión exige un “nuevo acuerdo” que reconozca el verdadero costo de la producción sostenible de alimentos. Los agricultores no buscan limosnas, afirmó Batters; Quieren retornos justos por su trabajo e inversión.

Demandas clave de los líderes de la industria

La Unión Nacional de Agricultores (NFU) y la Asociación de Tierras y Empresas Rurales (CLBA) se han hecho eco de la necesidad de tomar medidas inmediatas. Las principales prioridades incluyen:

  • Equidad en la cadena de suministro: Garantizar que los productores reciban una parte razonable de las ganancias.
  • Reforma de planificación: Agilización de aprobaciones para infraestructura agrícola esencial (embalses, politúneles).
  • Claridad sobre los incentivos para la agricultura sostenible: Resolver la incertidumbre que rodea a los pagos agrícolas posteriores al Brexit.
  • Revisiones del impuesto sobre sucesiones: Abordar la agobiante carga financiera de las explotaciones familiares.

La CLBA advierte que las facturas del impuesto a la herencia podrían exceder las ganancias anuales de muchas empresas, haciendo insostenible la continuidad de su funcionamiento.

Qué significa esto: un sistema bajo presión

El informe es una clara advertencia de que la agricultura británica se encuentra en un punto de inflexión. La confluencia de presiones económicas, cambios regulatorios y desafíos ambientales crea un entorno insostenible para los productores. Sin una acción decisiva, el sector corre el riesgo de declinar irreversiblemente, amenazando la seguridad alimentaria, las economías rurales y la viabilidad a largo plazo del campo.

La respuesta del gobierno es un paso en la dirección correcta, pero su éxito depende de acciones concretas y una asociación genuina con la industria. El futuro de la agricultura británica depende de ello.

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