Nueva evidencia fósil confirma que dos especies distintas de homínidos primitivos, Australopithecus deyiremeda y el más famoso Australopithecus afarensis (la especie de “Lucy”), coexistieron en Etiopía hace aproximadamente 3,4 millones de años. El descubrimiento, basado en un fósil de pie notablemente bien conservado denominado “pie de Burtele”, añade detalles cruciales a nuestra comprensión de la evolución humana temprana.

Un pie en el tiempo: confirmando dos especies

Durante años, los paleontólogos debatieron si el pie de Burtele representaba una especie única o simplemente una variación dentro del linaje Australopithecus afarensis. Los hallazgos iniciales en 2009 insinuaron diferencias, pero una confirmación sólida requirió más evidencia. Los investigadores ahora han vinculado definitivamente el pie de Burtele con Australopithecus deyiremeda, una especie previamente identificada a partir de dientes encontrados en la misma región. Esto significa que, contrariamente a las suposiciones anteriores, el árbol genealógico humano no era una simple progresión lineal, sino un arbusto complejo con múltiples ramas que vivían en el mismo territorio.

Esta coexistencia es significativa porque desafía la idea de una única especie de homínido dominante en un momento dado. La presencia de dos grupos distintos sugiere que los primeros homínidos eran más adaptables y diversos de lo que se pensaba anteriormente. El hecho de que estas especies compartieran el mismo paisaje implica competencia por los recursos y resalta las presiones selectivas que impulsaron la evolución humana temprana.

Caminar de diferentes maneras: las características primitivas permanecen

Australopithecus deyiremeda poseía una estructura de pie más primitiva que Australopithecus afarensis. En particular, conservaba un dedo gordo oponible, un rasgo crucial para trepar a los árboles. Si bien era capaz de caminar erguido, su modo de andar difería del de los humanos modernos; la especie probablemente empujó con el segundo dedo en lugar del dedo gordo.

Este descubrimiento refuerza la idea de que el bipedismo evolucionó en múltiples formas antes de convertirse en la zancada humana moderna. La presencia de un dedo gordo del pie oponible y uno en aducción (no oponible) en el mismo período de tiempo demuestra que caminar sobre dos piernas no era una adaptación singular y fija. Era un rasgo flexible, moldeado por diferentes demandas ambientales.

Diferencias dietéticas: un menú mixto

El análisis isotópico de los dientes vinculados al Australopithecus deyiremeda reveló una dieta que se inclinaba más hacia las plantas C3 (recursos de árboles y arbustos) en comparación con el Australopithecus afarensis, que incorporaba más pastos y juncos C4. Esto sugiere que las dos especies ocupaban nichos ecológicos ligeramente diferentes, lo que podría reducir la competencia directa por el alimento.

La división dietética enfatiza que incluso los homínidos estrechamente relacionados podrían explotar diferentes recursos dentro del mismo entorno, contribuyendo a su supervivencia a largo plazo. Un estudio más profundo de los hábitos alimentarios podría revelar cómo estas primeras especies forjaron sus propios caminos evolutivos.

Patrones de crecimiento juvenil: similitudes inesperadas

Una mandíbula recientemente descubierta de un ejemplar juvenil de Australopithecus deyiremeda de 4,5 años mostró patrones de crecimiento similares a los observados en Australopithecus afarensis e incluso en los simios modernos. Esto sugiere que, a pesar de las diferencias anatómicas, los primeros homínidos compartían características fundamentales de desarrollo.

Esta sorprendente consistencia en el crecimiento indica que ciertas limitaciones biológicas probablemente influyeron en la evolución de estas especies, independientemente de sus adaptaciones divergentes. Implica que algunos aspectos del desarrollo temprano de los homínidos estaban profundamente arraigados en su historia evolutiva.

En última instancia, la confirmación de Australopithecus deyiremeda junto con Australopithecus afarensis reescribe nuestra comprensión de la diversidad de los primeros homínidos. Estos hallazgos subrayan que la evolución humana no fue un viaje sencillo, sino una interacción compleja de adaptación, coexistencia y competencia en un paisaje antiguo dinámico.