La 30ª conferencia anual sobre el clima de las Naciones Unidas (ONU), COP30, concluyó en Belém, Brasil, con un acuerdo que muchas naciones consideraron inadecuado. A pesar de la asistencia de alto nivel de algunos líderes mundiales, incluidos el Príncipe de Gales y el presidente francés Macron, figuras clave como Xi Jinping de China y el presidente estadounidense Trump estuvieron ausentes, lo que pone de relieve una creciente división en el compromiso global con la acción climática.

El núcleo de la COP: qué es y por qué es importante

COP significa “Conferencia de las Partes”, en referencia a los casi 200 países vinculados por el acuerdo climático original de la ONU de 1992. Estas cumbres son fundamentales porque representan el principal foro internacional para abordar el cambio climático, donde las naciones negocian compromisos para reducir las emisiones y adaptarse a sus efectos. El objetivo, establecido en el Acuerdo de París de 2015, es limitar el calentamiento global a 1,5°C por encima de los niveles preindustriales, un umbral más allá del cual los impactos climáticos se vuelven drásticamente más severos.

Retos y controversias en la COP30

La elección de Brasil como nación anfitriona, particularmente Belém en el borde de la selva amazónica, presentó desafíos logísticos y simbólicos. Las delegaciones enfrentaron altos costos de alojamiento, lo que potencialmente excluyó a las naciones más pobres, mientras que la controvertida tala de bosques tropicales para la infraestructura de la cumbre subrayó la hipocresía de albergar conversaciones sobre el clima en una región bajo presión ambiental. La continuación de las licencias de exploración de petróleo y gas por parte de Brasil alimentó aún más las críticas.

Resultados clave: combustibles fósiles, finanzas y naturaleza

El principal escollo fue un compromiso más fuerte con la “transición lejos de los combustibles fósiles”, como se acordó en la COP28. Si bien el acuerdo de la COP30 reconoció el acuerdo de los EAU, careció de pasos concretos para su implementación. Brasil propuso una “hoja de ruta” separada para la reducción de combustibles fósiles, pero sigue fuera del acuerdo central.

En cuanto a la financiación, el acuerdo reafirmó los compromisos de proporcionar a las naciones en desarrollo al menos 300.000 millones de dólares anuales para 2035, con la aspiración de alcanzar 1,3 billones de dólares a través de fuentes públicas y privadas. Sin embargo, históricamente las naciones más ricas no han cumplido sus promesas financieras, lo que genera dudas sobre si estos objetivos se cumplirán.

Los esfuerzos para proteger la naturaleza incluyeron el lanzamiento del “Tropical Forests Forever Facility”, cuyo objetivo es recaudar 125 mil millones de dólares para la conservación de los bosques. Sin embargo, el Reino Unido se negó a comprometer fondos públicos y recurrió en cambio a la inversión privada. Una hoja de ruta contra la deforestación, que refleja los compromisos de la COP26, tampoco logró llegar al acuerdo final.

Por qué esto es importante: el panorama general

La falta de acuerdos innovadores en la COP30 subraya una tendencia creciente de consenso fracturado sobre la acción climática. Estados Unidos, bajo el presidente Trump, ha dado señales de retirarse de los compromisos climáticos, mientras que otras naciones priorizan los intereses económicos sobre las preocupaciones ambientales. Esta inacción es particularmente alarmante dada la urgencia del objetivo de 1,5°C, que los científicos advierten que se está escapando de nuestro alcance.

A pesar de las deficiencias, la COP sigue siendo una plataforma vital para impulsar la acción climática internacional. En cumbres anteriores se han logrado acuerdos importantes, aunque su cumplimiento sigue siendo un desafío. El compromiso con el límite de 1,5°C, aunque amenazado, sigue inspirando la política climática en todo el mundo.

El resultado de la COP30 sugiere que un progreso significativo requerirá superar las divisiones políticas y garantizar que los compromisos se traduzcan en acciones concretas. Sin medidas rápidas y decisivas, el mundo corre el riesgo de superar umbrales climáticos críticos con consecuencias irreversibles.

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